Tiempo en praga
Una imagen monocromática nos muestra una calle principal de alguna ciudad, se percibe europea por la arquitectura. Es una calle solitaria, en general la imagen lo es. Transmite una melancolía y soledad palpable. Pero también inquietud. La única presencia humana es la del fotógrafo, cuya mano izquierda está midiendo el tiempo con un reloj.
La imagen se torna cada vez más desesperante a medida que descubrimos información. Primero el fotógrafo: Josef Koudelka. Luego el tiempo: el reloj, parece marcar las doce. Las doce del 21 de agosto de 1968. El lugar: Praga, capital de Checoslovaquia. Entonces cobramos noción de que es el día en que las tropas socialistas invaden ese país.
La calle sola, que antes nos parecía melancólica, ahora nos ahoga con incertidumbre. ¿Dónde están los soldados? ¿Saldrán acaso de los edificios? ¿En qué momento se desatará el horror?. Y sin embargo Josef, sigue de pie, aguardando, capturando con la cámara una eterna espera. Eterna para el espectador, efímera para los que vivían en Praga.
¿Cuánto tiempo debieron esperar? No solo para que empezara, si no para que terminara. Nosotros ahora sabemos cuándo terminó. Pero para una persona en 1968 no había una fecha clara. Aunque ya haya pasado, la invasión sigue ahí, vive en la memoria. Vive en la fotografía y en lo que la rodea. Vive en el sentimiento humano de la desesperación. Vive en nuestros ojos que atestiguan la captura de un momento. Un momento que significa tristeza, desolación y lucha. Todo conectado a través del tiempo.
Para nosotros es un recuerdo en 2021. Para Praga en 1968 es el séptimo día de invasión. Tenemos la perspectiva de que el tiempo es algo que sucede instante a instante. Pero lo que sucedió aún sucede. Aún existe dentro del trauma. Aún existe dentro del miedo. Aún existe en el eco del totalitarismo. Aún respira con Josef. Aún vive en la memoria colectiva de Praga. Aún vive en esta Foto.

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