Mini cuento basado en fotografía de Joseph Koudelka

Invasión de Varsovia Carol miraba con desesperación por tercera vez en una hora su reloj, eran las 10 am y Maika aún no aparecía. Habían planeado escapar de Praga en cuanto supieron que el “Ejercito de amigos” entraría a la ciudad. Carol hubiera querido irse el mismo día que se enteraron, pero Maika se negaba a dejar a su suerte el pequeño invernadero que con tanto esmero había cuidado desde que su abuela falleció. Prácticamente era el único recuerdo que le quedaba de ella, ya que poco después de su fallecimiento, su casa había quedado reducida a cenizas después de que una vela sin vigilancia hubiera desatado un incendio. Estuvo tentado más de una vez a ir a buscarla a dicho invernadero, pero el miedo de que justo cuando el partiera, ella apareciera por la esquina de la avenida, lo mantenía esperando. Para intentar mantener la calma fue a la cocina para prepararse un té. Intentaba ignorar el temblor de sus manos lo cual solo terminó por ponerlo más nervioso. Intentando distraer su mente, comenzó a observar las fotos que tenían en la sala. Por primera vez desde que todo empezó, comenzaba a cobrar conciencia de todo lo que tendría que dejar atrás, todo había sido tan repentino que apenas había tenido tiempo de reparar en ese pensamiento. Contempló, siendo consciente de que podría ser la última vez que lo haría, esas viejas fotografías de su boda. Por supuesto habría querido llevársela, pero el camión en el que partirían solo daba la oportunidad de llevar las cosas más esenciales. Para proseguir con el ritual de despedida, caminó al balcón, hacía la jaula de su gorrión para liberarlo, “vuela tú que puedes”, le dijo al pajarito antes de apartarse para dejarlo emprender el vuelo. Se quedó un momento observando su vuelo apresurado, con una sorprendente mezcla de melancolía y esperanza. En ese momento, miró su reloj por cuarta vez, al tiempo que observaba detenidamente alrededor desde el balcón, buscando a Maika y ese peculiar sobrero verde que solía usar. Se arrepentía de haberle permitido irse a despedir de ese lugar, pero al final sentía que no había tenido opción. De ninguna manera hubiera podido detenerla de ir por última vez al único lugar que al final le importaba. De pronto por fin la vio aparecer en una de las esquinas de la avenida. Caminaba rápidamente y visiblemente nerviosa. Solo tenían media hora para llegar a la estación por lo que Carol decidió no esperar a que ella subiera y alcanzarla con las maletas en la calle. Agarro la única maleta que llevaría, junto con la bolsa grande de Maika, se dio la vuelta por última vez, ahí terminó su despedida. Salió del departamento y se volvió automáticamente para echar la llave, pero al final optó por dejarla solo cerrada.

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