Ensayo sobre: El Decamerón

 

Tendemos a pensar que la edad media es una época en la Europa se encontraba en un régimen de represión en la que todo giraba en torno a Dios. Aunque en cierta medida es cierto, no podemos olvidar que los que vivían el día a día eran las personas y no Dios. El ser humano, por más inmerso que esté en un dogma, no deja de ser un ser emocional. 

 El enojo, la alegría, el amor, la pasión, el deseo, la satisfacción, la tristeza... Las emociones son de las pocas cosas que trascienden tiempo, espacio y cultura. Cualquier persona en cualquier lugar y tiempo es capaz de sentir como lo hacemos nosotros, humanos posmodernos. Deshumanizamos a los humanos del pasado, y en este caso, a los medievales.  

Ahora, ya que hemos reivindicado la humanidad y la capacidad de sentir de cualquier persona, hablemos entonces de: el Decamerón. Esta obra, escrita por Giovanni Boccaccio, se escribió en un tiempo particular. Se ubica justo en el periodo de transición entre la edad media y el renacimiento. Los europeos están a punto de entrar a una época en la que entenderán el mundo y así mismos de otra forma.  

La atención del renacimiento se centrará en el ser humano y se alejará de Dios. Es precisamente esto lo que le permite a la obra transgredir los valores de la época y transmitir, más que nada, humanidad. Aunque la película empieza un poco confusa no tarda en voltear la expectativa. De repente nos damos cuenta que siempre ha existido el engaño, siempre ha existido el deseo y siempre han existido las pasiones y los intereses 

Tal vez pueda sorprender que una monja pueda sentir dese sexual, pero las monjas no dejan de ser humanas. Es normal que después de media vida tratando de reprimir su sexualidad sientan curiosidad de experimentarla con otra persona. Pasaba antes y pasa ahora, pero a veces preferimos hacer como si no fuéramos todos seres llenos de curiosidad, sentimiento y motivaciones. 

Pier Paolo Pasolini, profesión: escritor | Cultura | EL PAÍS

Como ya he dicho antes, la película transgrede las ideas que tenemos de las personas del pasado. El cura puede ser tan avaricioso como una mujer que vive en la ciudad. Es un retrato de la época. No un retrato de costumbres o acontecimientos históricos y grandilocuentes, es un retrato de situaciones comunes que se presentaban y se presentan, y probablemente se presentarán por siempre. 


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